
El tiempo pasa, es un hecho. Pero pasa de distintos modos.
Hay personas que atrasan ese paso agarrándose a los recuerdos… los mastican, los escupen, los vuelven a tragar y duermen con ellos cada noche. Hay personas que siguen el trote de los segundos y guardan los recuerdos en cajas dignas para rendirles honores cuando se les ocurre abrirlas. Hay personas que saltan sobre las agujas del reloj como jugando al elástico… entre salto y salto borramos el rastro de los años y todas las caras son hermanas y todas las caras son extrañas.
Claro, no cuesta nada cuando el pasado se hace presente y lo vuelves a abrazar o a insultar, ¿pero cuando es y será solo pasado? Los saltadores del elástico no sabemos lidiar con él, no sabemos respetarlo ni conservarlo… la palabra “plumazo” se quiere poner entre estas líneas.
Es curioso que para personas como nosotros la frase “es cuestión de tiempo” tenga tanto sentido. Claro, es cuestión de tiempo para que todo momento memorable pase a ser parte de un paisaje desértico sin dunas ni grietas, sin olores, sin sabores, sin penas. Es cuestión de tiempo volver a tener la mochila vacía y caminar con una adolescencia insultante.
No sabemos si vale la pena o no, simplemente no podemos llorar por la leche derramada, ¿preguntarnos por lo que se quiso y no se hizo? ¿por lo que se pudo y no fue? Esas preguntas no están en nuestro rosario. Pero a veces nos viene una duda sobre lo patológico de nuestra relación con lo que deja de existir. Suele sucedernos junto con el frío del invierno.
Fierrazos
Hace 1 año